5 lecturas obligatorias para entender a Estados Unidos

5 lecturas obligatorias para entender a Estados Unidos

Comprender la política norteamericana es un asunto tremendamente complejo. No basta con solo estar informado de la actualidad, sino que es conveniente echar la vista atrás para comprobar como ha ido evolucionado a lo largo de los años.

Estados Unidos ha sido un país que ha transitado por numerosas etapas sociales y políticas en su historia. Sin ir más lejos, es uno los pocos países que tiene más de un político asesinado en directo. Todo esto, llevó que modificase sus leyes gubernamentales en numerosas ocasiones.

Por eso, siempre aconsejo que además de leer todo lo que aparece por internet, se haga la compra de una serie de libros obligatorias para contextualizar y encarar el tema con mayor profundidad. https://www.mascupon.es/,  es una página donde se ofrecen variedad de ofertas y descuentos, podras encontrar en ella todos los libros al mejor precio, es muy recomendada.

A parte de España, Mascupon también ofrece paginas web para otros paises como en Argentina: https://www.mascupon.com.ar/, también está en Mexico: https://www.mascupon.com.mx/  y en Portugal:  https://www.maiscupao.pt/

Para ser un poco más conciso, paso a decirte los nombres de los 5 libros que debes leer para entender la política estadounidense:

  1. Qué sé yo de historia, de Kennet C. Davis
  2. La otra historia de los Estados Unidos, de Howard Zinn
  3. Historia de Estados Unidos, de Carmen de la Guardia Herrero
  4. Breve historia de los Estados Unidos, de S. Morison, Henry S. Commager y W.E. Leuchtenburg
  5. Breve historia de los Estados Unidos, de Philip Jenkins

Con todos estos libros, entenderás un poco mejor como ha evolucionado el país en los temas importantes. A partir de esa base, podrás ponerte al día y comprender lo que pasa día a día en el país que tuvo como primer presidente a George Washington.

¿Por qué se vota un martes de noviembre?

¿Por qué se vota un martes de noviembre?

El hecho de que en 2016 los ciudadanos estadounidenses estén llamados a acudir a las urnas, en las elecciones presidenciales, el martes 8 de noviembre no es fruto de la casualidad y mucho menos es una fecha que fue elegida recientemente, sino que está establecido por norma legislativa desde hace 171 años cuándo debe caer exactamente la fecha de todas las elecciones (siempre y cuando no se modifique constitucionalmente en un futuro).

La elección de la fecha para ir a votar hoy en día nos podría resultar enrevesada e incluso ridícula, pero en su día tenía una explicación lógica.

Fue el 23 de enero de 1845 cuando se estableció la fecha en la que los electores deberían acudir a las urnas a elegir al nuevo presidente. Para ello se tuvieron en cuenta una serie de factores y variables como por ejemplo la climatología y disponibilidad de los electores para poder desplazarse.

La mayoría de los norteamericanos en aquella época se dedicaba a la agricultura, por lo que había que descartar los meses comprendidos entre marzo y octubre que eran los de mayor actividad laboral (los que iban desde la siembra a la recolección). Desde mediados de diciembre hasta final de febrero quedaba descartado por motivos meteorológicos: era invierno y el traslado hasta las sedes del condado donde se emitían los votos sería dificultoso, además de que el frio provocaría que muchos electores se quedaran en sus casas en lugar de ir a votar.

De ahí que se decidiera que la mejor época para llevarse a cabo las elecciones era dentro de los primeros días del mes de noviembre, unos días en los que en la mayoría de los Estados Unidos las temperaturas todavía son suaves. Otro motivo era porque así también daría tiempo a que, trascurridas cuatro semanas que marcaba la ley y con escrutinio ya terminado, se pudieran reunir los representantes escogidos y éstos podrían decidir quién era el presidente electo que tomaría posesión el 4 de marzo (el 20 de enero desde 1937).

El siguiente paso era decidir qué día concreto (dentro de los primeros días de noviembre) sería el escogido para ir a votar. Teniendo en cuenta que para acudir a ejerccer el voto eran muchos los ciudadanos que vivían en entornos rurales que necesitarían un día de ida y otro de vuelta, se empezó a descartar días no viables para ellos: el lunes no podía ser porque el domingo era día de culto religioso y por tanto no se podía salir de viaje. El miércoles era día de mercado en todas las poblaciones y por tanto ese día tampoco se salía de viaje, lo que provocaba que el jueves también quedase descartado. El viernes tampoco podía ser porque el viaje de regreso se hubiese tenido que realizar en sábado (también día de culto religioso, en una época en la que la devoción religiosa era lo más importante para los ciudadanos). Por tanto el único día viable que quedaba era el martes, pero no podía ser cualquier martes, ya que este no podía caer en día 1 de noviembre (Día de Todos los Santos, fecha no festiva en EEUU ni de culto religioso, por lo que se respetaba el día para honrar a los difuntos pero se daba libertad para partir de viaje).

Así pues, de esta manera enrevesada, fue cómo se escogió el día en que debían caer las elecciones y que éste fuera el martes posterior al primer lunes de noviembre.

Debido a esta norma la fecha más temprana posible para celebrarse las elecciones es el 2 de noviembre y la última fecha posible es la del 8 de noviembre (como es el caso de este año).